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El triángulo del (des)conocimiento

Teresa Riera 016Artículo de Teresa Riera, diputada del Parlamento Europeo Ponente de Horizonte 2020, el nuevo Programa marco de la UE para la Investigación y la Innovación.

Teresa Riera "No hay mayor riqueza que el conocimiento ni mayor pobreza que la ignorancia". Cuando la necesidad de aprender aumenta, nuestros gobiernos se empeñan en imponer reformas educativas inoportunas y recortes inadmisibles, aún conociendo los costes irreversibles del no-saber.

Si el conocimiento es riqueza, la educación es la base que sustenta cualquier conocimiento. Cuando la educación cumple su función, nuestros jóvenes adquieren las habilidades y capacidades necesarias para, en un futuro, generar a su vez nuevo conocimiento a través de la investigación y el desarrollo (I+D). La innovación aplica luego este conocimiento y lo devuelve a la sociedad en forma de riqueza y bienestar. Hemos simplificado, pero cerraríamos así el triángulo del conocimiento cuyos lados evidentemente son: educación, investigación e innovación.

Por ello, cualquier gobierno responsable y eficaz aseguraría una inversión equitativa, suficiente y de calidad para educación, investigación e innovación. Esto sentaría las condiciones para generar, transmitir y aplicar conocimiento. Avanzaríamos así hacia un gran triángulo del conocimiento. Simple geometría: a mayores los lados, mayor el área del triángulo.

Pasemos ahora de la teoría a la práctica; de lo ideal a lo real; del gobierno responsable y eficaz al existente. Si algo no se le puede recriminar al PP es que no haya prestado atención a cada uno de los lados del triángulo del conocimiento. Más bien al contrario, lo denunciable es su excesiva fijación en cada uno de ellos. En efecto, educación, investigación e innovación han sido víctimas idénticas de su política de recortes y objeto por igual de reformas controvertidas y contraproducentes. Es cierto que esta atención simultánea asegura un triángulo equilátero, pero de un área tan reducida que corre el riesgo de devenir un verdadero triángulo del desconocimiento, un triángulo donde el conocimiento no sólo no surge ni fluye sino que desaparece.

El ninguneo continuo al que nuestro sistema de investigación e innovación, se ve sometido, con recortes en presupuestos y en recursos humanos, menoscaban nuestro ya muy debilitado sistema de I+D. Desde la UE, el nuevo programa Horizonte 2020 apoyará la ciencia e innovación excelente en cualquier parte de Europa. No obstante, la excelencia científica no aparece sola, deben sentarse las condiciones necesarias, a nivel estatal y regional, para que florezca. Es decir, se requiere un compromiso político que se traduzca en políticas y presupuestos ambiciosos de I+D, incluso, o más si cabe, en épocas de recesión. Justo lo opuesto a lo que ocurre en nuestro país.

La educación tampoco escapa de la atención de los Gobiernos del PP. El avance hacia una sociedad del conocimiento se apoya en gran medida en un sistema educativo sólido. Nuestros jóvenes confían en programas educativos que amplíen sus horizontes, que se ajusten a sus necesidades. Confían en una educación que desarrolle los talentos y cualidades que les permitirán, en un futuro, contribuir a la propia generación de nuevo conocimiento. Todo ello exige un sistema educativo de calidad y equitativo en cada una de sus etapas. Pues bien, la respuesta desde el gobierno central y el de nuestras islas no podría alejarse más de tal exigencia. El aumento del ratio de alumnos por clase junto a la reducción de profesores; la eliminación y reducción de becas; la subida de las tasas y el recorte de presupuestos universitarios son sólo algunas de las desafortunadas recetas dispensadas. Por no hablar del ni-lingüismo al que se aboca el trilingüismo autoritario y sin recursos impuesto por nuestro President y su rodillo parlamentario, lo que nos aleja irremediablemente del acuerdo estable y amplio que debería darse en cualquier sistema educativo digno.

Sorprenden también los cambios en los programas docentes. Un ejemplo muy ilustrador: cuando la tecnología ocupa un lugar en cada espacio de nuestra vida y cuando todo indica que España, pero también Europa, necesita más estudiantes en carreras científicas y tecnológicas, el ministro Wert infravalora y reduce la educación tecnológica en ESO y en Bachillerato. Una vez más remamos a contracorriente.

Tal es el panorama y el descontento con la visión que reserva el PP a nuestro sistema educativo que nunca antes el descontento social había sido tan evidente en nuestras islas. Centrarse en la medición de un descontento tan evidente no deja de ser un intento de negar lo innegable y desplazar el centro de atención. Lo que debería medir el PP es la dimensión de los recortes presupuestarios y la disminución de los recursos humanos en los ámbitos de educación, investigación e innovación. Debería medir cómo afectan estos recortes a nuestra capacidad de recuperación económica y a nuestra competitividad a largo plazo. Considerando el esfuerzo institucional sostenido que reclama una economía del conocimiento, la falta de inversión y esfuerzos supondrá un atraso difícilmente recuperable. Escuchar a la ciudadanía y revertir su política es una opción. Hacer oídos sordos y seguir adelante es la otra. Desgraciadamente cuando nos topemos con las consecuencias, que lo haremos, ya será demasiado tarde.

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